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jueves, 25 de noviembre de 2010

Antonio Mairena y Melchor de Marchena

Antonio Cruz García nació en Mairena del Alcor (Sevilla) en 1909 a 1983. Comenzó su carrera artística con el sobrenombre de "Niño de Rafael", que después cambió por el de "Niño de Mairena", hasta adoptar definitivamente el de Antonio Mairena. Personalidad de relevancia excepcional en el flamenco de la segunda mitad del siglo XX, fue sin duda uno de los más completos y grandes cantaores de la historia. Hubo en él otras facetas importantes, como la de investigador y divulgador de su arte, lo que se plasmó en conferencias y artículos. Mereció los más altos honores que haya obtenido jamás un artista flamenco. Antonio Mairena se consideraba legítimo heredero del arte de Manuel Torre, a quien consideraba, con Joaquín el de la Paula, su primer maestro. Cantaor extraordinario, su labor investigadora del flamenco fue trascendental, y este es un rasgo que le distingue fundamentalmente del común de los cantaores. Hoy, gracias a él, permanecen en el acervo cantaor estilos y formas de cantes que sin su mediación estarían a estas alturas completamente perdidos. Hombre que vivió el flamenco integralmente, en cuerpo y alma, pues todo lo referente a su arte fue seguramente lo que en mayor profundidad le interesó en la vida.

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viernes, 28 de agosto de 2009

IV Jornadas de Estudios Flamencos en Mairena del Alcor

1, 2, 3 y 4 de septiembre en la Casa Palacio

Con el primer día de septiembre comienzan los actos de una intensa semana dedicada al flamenco en Mairena del Alcor, una localidad que destaca por su dilatada relación con este arte tan andaluz. La Delegación de Cultura, Festejos y Comunicación del Ayuntamiento de Mairena del Alcor organiza las IV Jornadas de Estudios Flamencos, dedicadas en esta edición al 25 aniversario de la muerte del maestro Antonio Mairena. De ahí su título “Antonio Mairena. 25 años de un adiós”. A partir de las 22:00 horas, el patio del pozo de la Casa Palacio de los Duques de Arcos será el escenario de las conferencias y las actuaciones flamencas que versarán sobre la vida y obra del artista.

La presentación del vídeo de Libélulas Azules “Antonio Mairena: XXV años de la muerte del Maestro” abrirá las jornadas el lunes día 1 de septiembre, para que más tarde el cante de Jesús León Márquez y de Paco Morillo, y la guitarra de Fernando Rodríguez amenicen la velada a los presentes. La jornada del martes día 2 contará con la ponencia de Lucas López López sobre “Vivencias mairenistas desde el oriente sur” y la actuación de Sonia Miranda y Paco Cortés, al cante y la guitarra respectivamente. El miércoles día 3 Manuel Martín Martín ofrecerá la conferencia “De Sevilla a Cádiz se pasa por Mairena”, que continuará con el cante de Mari Peña y la guitarra de Antonio Moya. La última ponencia tendrá lugar el jueves, día 4, y correrá a cargo de Rafael Salinas González. El conferenciante disertará sobre “Córdoba en la obra de Antonio Mairena”. El cante de Antonio de Patrocinio hijo y la guitarra de Rafael Ordóñez completarán el acto.

Finalmente, las jornadas concluirán el viernes día 5 a las 20:00 horas en la Capilla del Cristo de la Cárcel, donde se celebrará una misa oficiada por el sacerdote Emilio Calderón. Al término de la misma, se procederá a la ofrenda floral ante el monumento dedicado a Antonio Mairena en el cementerio de San José. La entrada a las jornadas es gratuita.

Las Jornadas de Estudios Flamencos pretenden difundir la cultura del flamenco y recordar la figura de Antonio Mairena. Se ubican a principios de septiembre coincidiendo con la celebración del Concurso Nacional y el Festival de Cante Jondo Antonio Mairena. Tienen su antecedente más próximo en la Semana Cultural Flamenca, que comenzó a organizarse en 1993, con motivo del décimo aniversario de la muerte de Antonio Mairena. Más tarde, las Jornadas de Estudios Flamencos tomaron el relevo e introdujeron un ciclo de conferencias para complementar las actuaciones flamencas.

Seguidamente, el viernes día 5 de septiembre se celebra la XLVII edición del Concurso Nacional de Cante Jondo Antonio Mairena, a las 23:00 horas en el auditorio de la Casa Palacio. Conmemora el 25 aniversario de la muerte de Antonio Mairena. El precio de la entrada es de 10 euros, 7 euros para socios, pensionistas y carné joven. Y como colofón a esta semana tan flamenca, la cita con el XLVII Festival de Cante Jondo Antonio Mairena es el sábado 6 de septiembre en el auditorio de la Casa Palacio a las 23:00 horas. Esta fiesta declarada de Interés Turístico Nacional de Andalucía rinde homenaje a Jerez en esta edición que coincide con la efeméride 25 aniversario de la muerte de Antonio Mairena. Las entradas están a la venta en el Ayuntamiento, Plaza de Antonio Mairena, 1; a un precio de 20 euros, 50% de descuento para carné pensionista y carné joven. Reserva de entradas a través del teléfono 95 574 88 30. Más información en el portal Web municipalwww.mairenadelalcor.org

visto en: www.losalcores.info

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viernes, 8 de diciembre de 2006

Festival y Concurso Antonio Mairena

En el conjunto de los festivales flamencos que pueblan nuestra geografía, el Festival de Cante Jondo Antonio Mairena es, hoy día, uno de los referentes fundamentales para aficionados, artistas, críticos y prensa especializada.



Miles son los aficionados que, desde los más apartados rincones, se acercan a la Casa Palacio en las noches del Concurso y el Festival, e incluso en las pruebas de selección previas, conscientes de acudir a una cita ineludible con el buen cante.
Los artistas jóvenes, las nuevas promesas, los aspirantes, saben que triunfar en el Concurso de Mairena, a la sombra de la llave del Maestro, abre muchas puertas en un mundo tan difícil y competitivo. Los artistas ya consagrados, muchos de ellos iniciados en estas mismas tablas, perciben que Mairena constituye un broche perfecto para cerrar su temporada veraniega de cante.
Críticos y periodistas siguen atentos a los preliminares, glosan el concurso, comentan el cartel y analizan hasta en sus más mínimos detalles “la noche grande”, pretendiendo desentrañar la esencia de una de las manifestaciones más características de este maravilloso y a la vez misterioso mundo que es el flamenco.

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RUTA 4: "RUTA DEL COMPÁS DEL TRES POR CUATRO. LOS CANTES BÁSICOS"

Recorrido: De Triana a Jerez pasando por Alcalá de Guadaíra, Dos Hermanas, Utrera, Mairena del Alcor, Lebrija
Referencias: El objetivo es dar cuenta del cante y los cantaores que han hecho posible palos tan originarios como la soleá o la bulería, al tiempo que se estudia la vinculación de la creación flamenca con una sociedad de tipo rural.
Duración recomendada: 5 días.

Un baile en Triana

Desde que en 1862 Serafín Estébanez Calderón lo confirmara en sus "Escenas Andaluzas", Triana está considerada una de las cunas del flamenco. En la fiesta narrada por el escritor de forma tipista y costumbrista aparecen los nombres de El Planeta y El Fillo, los Cagancho, Los Pelaos, Frasco el Colorao…Y es que no cabe duda de que la génesis jonda se produce en el triángulo formado por los vértices de Triana, Jerez y Cádiz, por lo que no nos queda más remedio que asentarnos en el arrabal para emprender un camino sinuoso, lleno de matices, que nos llevará al entendimiento profundo de las esencias cabales. Estamos en el Altozano, corazón de la vieja cava trianera de los civiles. A unos metros de allí está la taberna del Tío José, un antiguo santuario del cante y el toreo en el que siempre hay un hilo flamenco de fondo y cientos de fotografías con artistas de todas las épocas, amén de la presencia directa de los maestros de nuestro tiempo afincados en Sevilla. A sólo unos metros, en la calle Pagés del Corro está la Tertulia Flamenca Don Cecilio de Triana, un punto en el que cada jueves se reúnen los aficionados del barrio para hablar de los legendarios cantes por soleá y por toná que parió el arrabal hace dos siglos. Junto a esta asociación se encuentra la Casa de Anselma, una taberna en la que todas las noches se puede oír el flamenco más liviano (sevillanas, rumbas y coplas). Pero si seguimos avanzando llegaremos a El Zurraque, no sin antes toparnos con decenas de patios emparrados convertidos hoy en modernos edificios que respetan la fisonomía de las viejas viviendas alfareras. Pero como decimos, el Zurraque es una parte de Triana dueña de la soleá alfarera más sobresaliente. Allí fraguaron su leyenda Ramón el Ollero, el viejo Abadía, los Pinea, Curro Puya, Pepe el de la Matrona... antecesores de una posterior generación de artistas de la que aún viven varios representantes. Esto es: Manuel Oliver, El Teta, El Sordillo, Pepe el Culata, El Arenero o Márquez el Zapatero, instructores todos de los más recientes cantaores trianeros liderados por Paco Taranto. Pero Triana pasa actualmente de las profundidades del cante de sus cavas -en la de los civiles encontramos una placa en la casa natal de Naranjito en la calle Fabié o una de Gracia de Triana junto al mítico Hotel Triana, un patio de vecinos que se conserva con todas las esencias de antaño y en el que se realizan multitud de recitales flamencos, sobre todo durante la Bienal de Sevilla- a las superficies de sus calles más comerciales. En la calle Betis, cuna de grandes toreros que nacieron mirando a la Maestranza, abundan los bares en los que se pueden escuchar sevillanas, tangos y bulerías en directo a diario. Asimismo, destacable es también el traslado de la antigua cava de los gitanos desde lo que hoy se conoce como Chapina hasta otro arrabal de Sevilla situado en la zona Sur de la ciudad: las Tres Mil Viviendas.
Pero no sólo hay que remitirse a Triana para establecer los puntos de referencia del flamenco en Sevilla. Otro de los centros neurálgicos de su actividad cabal se ubica en la Alameda de Hércules, donde hasta mitades de siglo proliferaron colmaos como el de Casa Postigo, La Sacristía, Los Majarones, Casa Parrita o Las Siete Puertas. Actualmente sólo se conserva éste último, pero un garbeo por la zona nos hará rememorar a la Niña de los Peines, a su hermano Tomás Pavón, Manuel Torre, El Gloria, Las Pompis, Manuel Vallejo, Antonio Mairena, El Chocolate, Diego del Gastor, Niño Ricardo, Manolo de Huelva y tantísimos otros.

Alcalá la de la Paula y Dos Hermanas de Talegas

La cercana localidad de Alcalá de Guadaira es sede de otro de los núcleos básicos en la ruta de la creación. No olvidemos que el trasiego de trabajadores desde Sevilla hasta Cádiz a través del ferrocarril durante el siglo XIX justifica la diáspora de muchos cantaores a toda la zona de influencia del tren y explicá por qué en este área se produce la vena creadora. Alcalá había recibido a muchas familias gitanas procentes de Triana, entre las que destacaba una, la de los Gordos. El lider de aquella saga fue, sin duda, Joaquín el de la Paula, un artista envuelto en un aura mitológica del que se sabe que fue muy friolero y que vivió en las casas colindantes al castillo de la localidad, tantas veces nombrado en los cantes autóctonos por soleá. El lugar sigue siendo visitable porque se ha restaurado hace unos años y en verano acoge el festival flamenco alcalareño. Junto a él está la ermita de la Virgen del Águila, patrona de la ciudad y fuente de inspiración de los cantaores de la tierra. Y allí recibieron sus inmanencias cantaoras posteriores miembros de la saga como Manolito de María, que hizo célebre un peculiar Padrenuestro por bulerías, o la escisión de los Talega, encabezada por Agustín el Gordo. Pero al bajar el citado castillo nos encontramos con una plazoleta en la que se homenajea, a través de unos azulejos, a todos los demás cantaores de Alcalán de Guadaíra, como Bernardo el de los Lobitos -genio de los cantes de trilla- o el Platero de Alcalá -éste luchó en Córdoba por la Llave de Oro de 1962 que ganó Mairena-. También son memorables los nombres de la Roesna y Juan Barcelona, presentes en todas las fiestas flamencas del lugar pese a que fueron cantaores en el sentido estricto de la palabra. Sin embargo, ya hemos citado un apodo ineludible: Talega. Dicho está que fue Agustín el Gordo el representante más viejo de esta familia y es precisamente a él a quien se le debe el desplazamiento a Dos Hermanas, donde montó la Taberna El Potro en la calle Real Utrera para ganarse el sustento. Allí se crió Juan Fernández Vargas, Juan Talega, celebérrimo cantaor que da nombre a la peña de la localidad, situada en un viejo caserío en el que se conservan muchos datos sobre el cantaor y se realizan múltiples actividades sobre su figura. Este rebufo cantaor llega también hasta Los Palacios y Villafranca, la tierra del célebre guitarrista Eduardo de La Malena, que tantas veces acompañó al gitano nazareno. En sus tabernas, donde predomina el mosto de la tierra, Los Palacios acoge un continuo ir y venir de conversaciones flamencas sobre sus principales artistas, como El Rerre, Itoly, Juanito el Distinguido, el bailaor El Mistela o el joven Miguel Ortega. Y, cómo no, ineludible es también la cita a Mairena del Alcor, hasta donde llegan los aires de los cantes alcalareños. No en vano, Antonio Mairena siempre destacó la importancia de Joaquín el de la Paula en su formación y fue amigo inseparable de Juan Talega. Pero para conocer todo lo que rodea al ambiente cabal mairenero, lo más sencillo es acudir directamente a la "Casa del Arte Flamenco de Antonio Mairena", un lugar en el que se guarda celosamente toda la información sobre el poseedor de la llave de oro y el resto de artistas flamencos del lugar.

Utrera la de la Serneta, la Fernanda y la Bernarda

El viaje en tren nos ofrece, sólo unos minutos después, otra parada clave: Utrera. Entre el corto espacio que hay entre la calle Nueva y el Rincón del Niño Perdío se asienta Mercé La Serneta, una cantaora nacida en Jerez hacia 1840 que se trasladó hasta la localidad sevillana desde bien pronto, donde se casó con el padre de los Álvarez Quintero, por lo que fue madrastra de éstos. Allí unió las influencias cantaoras de Jerez y Lebrija con las existentes en Utrera y creó unos cantes por soleá que hoy enorgullecen a los utreranos. Esta fue la misma actitud tomada por la saga Pinini para crear sus particulares cantiñas, paridas al alimón entre Utrera y Lebrija. En los bares del lugar, todos repletos de fotografías y recortes de periódicos de sus más conocidos artistas, esta es una de las conversaciones más usuales. Hay que decir que el oficio de matarife era el más típico de Utrera a principios del siglo XX y que a la lumbre de esta labor de carnicería se forjaron otras dos leyendas de la historia del cante: la Fernanda y la Bernarda, que junto con los Perrate conforman la base del flamenco reciente en el municipio. Este cúmulo de circunstancias provocó la creación del primer festival flamenco de la historia, el Potaje Gitano, que se celebra cada verano en el patio del Colegio de los Salesianos con degustación incluida del manjar que da nombre al festejo. Son típicas las reuniones también en la zona del centro para recordar a hijos predilectos del cante utrerano como Bambino, Enrique Montoya y familia, Manuel de Angustias, Gaspar, Pepa de Benito o Curro de Utrera, que presta su nombre a una de las peñas locales en las que se organiza otro festival: el Mostachón.
La Virgen de Consolación, desde su majestuosa ermita, rige la jondura de los cantes de la tierra y divisa la senda por la que sigue esta ruta: volvamos a subir al tren.

Lebrija, penúltima parada

La escala lebrijana obliga a hacer mención a otro cantaor primigenio: Diego el Lebrijano, un artista nacido en 1847 que destacó en los cantes por seguiriyas, tonás, cañas y soleares. Posteriormente desde Jerez llegó otra figura mítica, Juan Moreno Jiménez "Juaniquín de Lebrija", padre de una soleá de cuño propio que aún se guarda con recelo entre los intérpretes de la zona. De aquella época es también Fernando Pinini, abuelo de la Fernanda y la Bernarda. Pero el flamenco actual en Lebrija pasa por las familias de los Peña y los Bacán. Cierto es que artistas como el Lagaña, José Vargas, Antonia Pozo -qué grandiosas bulerías legó a la posteridad- la Rumbilla, La Perrengue, La Morena y El Chozas -nació en Lebrija pero se forjó como cantaor en Jerez- engrosan la lista de maestros de la tierra de Elio Antonio. Pero actualmente el capitán de la nave es Juan Peña El Lebrijano, aunque también destacan su hermano Pedro, el tristemente fallecido Pedro Bacán a la guitarra, la bailara Concha Vargas, Miguel El Funi, Curro Malena, Manuel de Paula o el jovencísimo José Valencia. Todos ellos frecuentan con bastante asiduidad la peña Pepe Montaraz y los cortijos de los alrededores, así como la peña Fernando el Herrero de Las Cabezas de San Juan. Pero el gran evento flamenco del año en Lebrija es la famosa Caracolá, un festival en el que después de la programación oficial llegan los corros improvisados.

Jerez, el corazón de la ruta

El tren sigue con su runrún surcando las vías. El final del trayecto está ya muy cerca, en la próxima parada. Jerez de la Frontera nos abre sus puertas para descubrirnos las razones de su ingencia flamenca. Sus más recónditos rincones nos esperan. Los barrios de Santiago y San Miguel se encumbran en los dos principales santuarios cabales del lugar para legarnos dos nombres fundamentales: Manuel Torre y don Antonion Chacón. En un breve paseo por la zona (ambios barrios son colindantes) encontraremos el porqué a la mayor brevedad: los patios de vecinos provocan la fiesta a las primeras de cambio para enaderdecer los míticos cantes por bulerías. Valga como ejemplo la Navidad, una época en la que las calles céntricas de Jerez se colman de las llamadas zambombas, un tipo de celebración festera alrededor de la cual se canta y se baila. Pero para abordar la visita con rigor lo mejor será partir del Centro Andaluz de Flamenco, situado en el Palacio de Pemartín. Allí se pueden consultar miles de documentos sonoros, escritos y audiovisuales del arte jondo y conocer todas las actividades que se celebran en cada temporada en las distintas peñas jerezanas (Los Cernícalos, Antonio Chacón, Tío José de Paula...). Es evidente que además de visitar estos lugares también hay que pasar por las tabernas típicas, como el Arco de Santiago o el Lagar de Tío Parrilla, para tener conciencia clara de la aportación en el campo de las seguiriyas de los míticos Paco la Luz, el Marruro, Manuel Molina, El Sernita, Juan Mojama, o Terremoto, por citar sólo unos ejemplos. Coetáneos a ellos también proliferan los cantaores de las viejas fraguas del lugar, entre los que destacan Agujetas el Viejo y Tío José de Paula. Y tampoco hay que pasar por alto dos momentos inigualables: la cita anual con el Festival de Jerez en el Teatro Villamarta y la Fiesta de la bulería, que se celebra en el verano en la plaza de toros entre cartuchos de pescaíto frito y rondas de chuflas de la tierra.

Cádiz, el cierre del triángulo

El "chacachá" se diluye poco a poco. Entramos en la Tacita, el malecón de Europa. Desde que el tren avanza al acecho de La Cortadura, el olor a esteros y sal lo inunda todo. Cádiz abre los brazos a un flamenco mucho más aperturista y dado a la improvisación que en el resto de puntos estratégicos de la jondura. Situémonos en Santa María, el barrio cabal por antonomasia, para ir dando forma a este trayecto final del viaje. Allí se forjó la figura legendaria de Enrique el Mellizo, un gitano matarife muy religioso que aprovechó la música gregoriana que escuchaba en la parroquia del barrio para crear sus particulares malagueñas y para cantar por primera vez una saeta ante una imagen en Semana Santa. Fue también padre de los principales cantes por soleá y seguiriya de la zona. Pero no fue el único maestro gaditano. Cantaba Silverio Franconetti por seguiriyas: "Por Puerta Tierra no quiero pasar / porque me acuerdo de mi amigo Enrique / y me echo a llorar". En efecto, en el camposanto de Cádiz destaca una lápida sobre la que se apoyan muchos flamencos del lugar: la de Enrique el Gordo, abuelo de Manolo Caracol, que aún es posible visitar para entender la copla de Silverio. También por la parte de Santa María toma relevancia la figura de Paquirri el Guanté, cantaor, bailaor y guitarrista, que fue transmisor de las viejas soleares de María Armenlo, La Sandita, La Cachuchera, Ana La Loro o Enrique Butrón. Igualmente llamativa es la figura de Gabriel Díaz Fernández, Macandé, un cantaor que puso de moda por Cádiz un pregón por asturianas para vender sus caramelos y que, según quienes le conocieron, estaba rematadamente loco. Todo este ambiente sirvió para nutrir de conocimientos a la generación posterior, formada por artistas como Ignacio Espeleta, Pericón de Cádiz o Aurelio Sellés, estandartes de los cantes por alegrías y cantaores muy relacionados con el carnaval gaditano, otra referencia ineludible para cualquier visitante en busca de flamenco cada mes de febrero. En esta época resulta muy entrañable visitar la calle Pericón en el barrio de la Viña, o recordar las bulerías festeras de Antonia La Perla, o escuchar a Felipe Escapachini por cantiñas en la peña Juan Villar, o al propio Juan Villar junto a Mariana Cornejo despacharse por chuflas... Todo vale. Porque Cádiz es la puerta. Por ahí comenzó la ida y se acabó la vuelta de los cantes. Los estilos americanos aparecieron por la Caleta. Guajiras, milongas, vidalitas y rumbas se asentaron en las gargantas de Pepe Marchena, que luego se inventó las colombianas, Manuel Escacena, Vallejo, Pastora y tantos otros cuya silueta aún puede vislumbrarse desde la playa de la Victoria, esa que mira a través del oceáno a un Nuevo Mundo, a un horizonte distinto.
El tren se queda sin carbón. Paren máquinas. Acaban ustedes de terminar un irrepetible viaje por el triángulo de las Bermudas del flamenco. ¡Ojo!, no se pierdan.

Toda la información relativa a la ruta se puede encontrar en www.andaluciaflamenco.org , mientras que para confirmar la asistencia a las actividades, el interesado lo puede hacer a través del e-mail flamenco@andalucia.org o por teléfono 901 20 00 20. La asistencia es gratuita, previa reserva, hasta agotar el aforo de cada uno de los lugares en los que se celebren los actos .

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RUTA 7: "RUTA DE LAS GRANDES FIGURAS, DE SEVILLA A MÁLAGA"

Recorrido: Mairena del Alcor, Carmona, Arahal, Puebla de Cazalla, Marchena, Osuna, Antequera, Casabermeja, Álora, Archidona y Málaga
Referencias: El objetivo es demostrar la existencia de un gran número de figuras que defendieron un tipo de flamenco concreto en toda la banda de influencia que une Sevilla con Málaga a través de localidades con mucha tradición jonda.
Duración recomendada: 5 días.

Los mejores cimientos: el mairenismo como punto de partida.

El flamenco es un cruce de caminos. Nadie lo duda. Y en cada punto de intersección hay un venero del que mana agua fresca y nueva para nutrir caudales diferentes. Atrás queda Alcalá, cuya corriente baja pareja a la del Guadalquivir hasta llegar a Cádiz a compás de tres por cuatro. Pero las voces del Guadaíra también sueltan un afluente con dirección a Málaga para crear una ruta que inaugura la comarca de los Alcores. Bebiendo de fuentes pauleras y talegueras, Mairena se erige en base de este viaje hacia las entrañas del cante, del toque y del baile. Nada menos que Mairena. La cuna de don Antonio Cruz García nos da las claves exactas del porqué de esta ruta. Sólo es necesario acercarse hasta la peña o Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena, enclava en la casa en la que nació el artista y en la plaza que lleva su nombre, para adentrarse de lleno en la ingencia de un cantaor situado en la cúspide de la historia jonda. Allí puede leerse sobre azulejo:"En esta casa nació el 5 de septiembre de 1909 Antonio Cruz García, de nombre artístico Antonio Mairena –Llave de Oro del cante. Córdoba, 1962-. Artífice genial del más puro cante jondo, elevándolo a su más alta dignidad..". Y es que sin la existencia del genio, esta localidad tendría que ser mencionada en otros términos, pero lo cierto es que, tras las secuelas mairenistas, el pueblo está plagado de una afición que probablemente no tiene parangón con ninguna otra de Andalucía. Su Festival del Cante Jondo, que se celebra cada mes de septiembre en el Auditorio de la Casa Palacio, actualmente en proceso de restauración para albergar un museo dedicado a Antonio, es de los más importantes del panorama cabal. Pero una de las citas más relevantes es la que el amante del cante tiene con el famoso concurso que acoge el patio de la citada Casa Palacio, por el que han pasado todas las grandes figuras del género de las últimas décadas, como es el caso de Camarón de la Isla. No obstante, el repaso a la Mairena flamenca no sólo debe quedarse en la personalidad de Antonio, pues de allí son también otros maestros como sus hermanos Curro y Manuel o Calixto Sánchez, primer Giraldillo del cante. Aún así, es emocionante acercarse hasta el cementerio de San José y contemplar el mausoleo de don Antonio repleto de flores alrededor de su busto, auspiciado por las efigies de la Niña de los Peines, Manuel Torre, Juan Talega y Joaquín el de la Paula. Interesante, ¿no? Pues esto aún no es nada. Sigamos avanzando porque la zona de influencia del genio de la tercera Llave huele a ruinas romanas.

En Carmona hay una fuente

Don Antonio pronto encontró cobijo perfecto para su cante junto a la vieja necrópolis. Porque en Carmona hay una fuente. Ya lo dice el polo:"Carmona tiene una fuente con catorce o quince caño". Y por ir en busca de ella –es probable que la coplilla se refiriese a la que hoy se conoce como la de los Leones- dejó el maestro la pensión de la sevillana calle Jáuregui para marcharse al pueblo del Tío Maero, de Pepita Caballero y del Mico. Allí vivió en una casa céntrica, en la calle General Chinchilla, que es fácil de encontrar gracias a la placa que indica la estancia del Cruz García en este lugar. Entró por la Puerta de Sevilla -ésa que elevaron los cartagineses antes de la II Guerra Púnica- allá por el año 1939, y no volvió a salir hasta el 56. Tiempos de posguerra. Muchas cosas han cambiado desde entonces, pero nada ha podido con la devoción por la jondura que el dios de la Llave endilgó a los carmonenses. Al socaire de su figura surgió el concurso de cante en 1982, que se celebra anualmente en octubre. Este certamen está organizado por la Asociación Cultural"Amigos de la Guitarr", actualmente con sede en el recinto ferial, que dio a luz también el"Memorial Pepita Caballer", donde se organizan conferencias, recitales y exposiciones allá por noviembre. Esa misma institución pone en marcha los cursos de guitarra de Rosario Jiménez durante todo el año y asiste al maravilloso espectáculo del día a día en una ciudad inenarrable. Baste contemplar el Hotel Alcázar de la Reina, una belleza arquitectónica donde también se organizan recitales y conferencias jondas, surgidas de una tertulia parida en los sesenta. Y si a eso se le añaden las veladas en la Taberna del Tempranillo, en la Plaza de Arriba, donde todos los miércoles se da a conocer a una joven promesa, la oferta resulta desmedida. Mas no se cansen, viajeros. Disfruten mirando cómo Germán Torres lija las maderas de sus guitarras en su vetusto taller. Oigan a José Parrondo por seguiriyas o a Paco Moya por malagueñas. Para entonces ya estarán envenenados. Y el veneno, con veneno se cura. Vámonos para Arahal.

Aceitunas y Pavones, Señas Arahalenses

Quizá sea la hora del piscolabis cuando aparquen en la Plaza del Ayuntamiento de Arahal. No lo duden: métanle mano a las aceitunas locales, pues en su sabor está también la esencia de la hondura flamenca lugareña. Aún siguen abiertas las disputas sobre el lugar de nacimiento de Pastora Pavón Cruz, la Niña de los Peines. Las teorías más difundidas afirman que la maestra vio la luz primera en la Puerta Osario de Sevilla. Otras, en cambio, defienden que fue en el Viso del Alcor, pueblo de su padre por el que también hay que pasar al hacer esta ruta. Y las últimas aseguran que ocurrió en Arahal. ¿Por qué? De allí era su familia materna y allí nació su hermano mayor, Arturo. Con eso basta. Estos datos son suficientes para corroborar las raíces flamencas de un pueblo que se jacta de ser uno de los más entendidos en la materia. Vayan si no al antiguo Casino y pregunten por los años en los que Pepe Pinto ejerció allí de croupier. Hagan una parada en la Venta de los Tres Gatos para que el anfitrión les narre las reuniones en las que se concitaban Pastora, el Pinto, Pepe Marchena o Mairena. Siéntense un rato en la Peña Niña de los Peines y cómanse una ración de pollo frito mientras observan las fotografías de su exposición permanente. Acudan en junio al festival"Al Gurug", adaptado a los nuevos tiempos para acabar con las largas y cansinas veladas nocturnas. Pruébense uno de los trajes de flamenca de Elisa Fernández, en la calle Codorniz. Y antes de volver a coger la carretera, miren hacia atrás. Verán mucho más que un conjunto de casas blancas. Verán veneno jondo. ¿Seguimos buscando el antídoto?

La Puebla de Cazalla pintada por Moreno Galván

Si la solución al emponzoñamiento está en la ortodoxia, ningún sitio hay mejor para encontrarla que La Puebla de Cazalla, donde el gusto por un tipo de cante concreto practicado allí hasta la saciedad lo deja claro don Francisco Moreno Galván:"El cante es una música, un sonido sin parangón alguno. No tiene hermano parecido. Nace del grito, de la queja y del llanto, y a veces de la rabia: el cante tiene sonidos negros. Antes que una nota musical es un aullido, prefiere la voz áspera, ahogada, rota, a la voz clara, limpia y de perfecta armonía. El cante es lo que no es el canto, lo que no encanta ni complace. Antes que la complacencia, ha de herir y doler. El cante va directo al sentimiento". Adalid de la escuela mairenista, junto con otros intelectuales como Ricardo Molina, Francisco Vallecillo y Alberto García Ulecia, Moreno Galván deja con sus pintura y sus poemas unas secuelas en La Puebla que aún permanecen vigentes. Todo el mundo habla allí de su grandeza artística, de sus años de formación en Madrid y de su posterior implicación con el Partido Comunista desde antes de la Transición. Estas actitudes conllevan varias consecuencias: pinta decenas de carteles para festivales flamencos y escribe un sinfín de nuevas letras para el repertorio jondo en las que las reivindicaciones sociopolíticas jalonan la propuesta. Pero antes de que todo eso llegue, aun con los precedentes flamencos de Dolores Crujera y los Joseleros, La Puebla asiste a los éxitos de una Niña que gira por toda España haciendo suyos los campanilleros de Manuel Torre y exponiendo grandeza en la interpretación de los llamados estilos libres. Dolores Jiménez Alcántara, la Niña de la Puebla, sigue siendo recordada en su tierra a través de un monumento a su figura, situado frente a su casa natal, y una calle con su nombre, cuya visita aún nos puede dar más claves sobre el profundo sentimiento flamenco que se produce durante toda esta ruta. Además, La Puebla, con sus artistas, representa un territorio trascendental de la Historia del flamenco: el paso de la ópera, etapa en la que Dolores se hizo grande junto a maestros como Sabicas, a la época de revalorización liderada por Mairena, donde tiene especial relevancia el papel del citado Moreno Galván, pues unos jóvenes llamados José Menese, Miguel Vargas y Diego Clavel empiezan a imprimir un nuevo sello al repertorio cabal. La soleá y la seguiriya adquieren protagonismo en un pueblo que se enorgullece de echarle mano a los manojos en su ya mítica Reunión de Cante Jondo, que se celebra cada mes de julio en la Hacienda la Fuenlonguilla y en el que todos los años se puede escuchar tanto a Menese como a Clavel, (pues el Vargas falleció hace algunos años en Paradas), en su peculiar ronda de tonás. Es curioso también que los carteles de este certamen, que se inauguró en 1967, han sido realizados siempre por Moreno Galván, lo que ha propiciado la posibilidad de crear una exposición permanente de ellos en el Museo de Arte Contemporáneo, otra de las visitas obligadas en este paseo. Como igualmente interesante es ver el resto de la colección flamenca de Joaquín Sáenz y Patricio Hidalgo o pasear ante el monumento levantado a Francisco entre parterres de tomillo y romero. Y para terminar de coger cuerpo es obligatorio dejarse caer por el bar Central, en la Plaza del Cabildo, o por la Taberna de Juan Ortiz, dos auténticos museos del género en los que las conversaciones sobre el cante son diarias. Porque cuando el veneno forma parte de tu cuerpo, hay que aprender a vivir con él. Demos una vuelta por Marchena.

Marchena la del Pepe y Melchor

A poco que pasemos por debajo del Arco de la Rosa, percibiremos que en Marchena la afición al flamenco viene ya de antiguo. Célebres son las referencias de Antonio Mairena a la vieja Tía Gilica, una cantaora a la que debemos un estilo por soleá, y a otros artistas del lugar como Juan el Cuacua o el Lico, gitanos de tronío que usaban el cante como bálsamo para sus penurias. Su arte se desarrolló en la llamada zona de la plaza arriba o Ducal y a sólo unos metros tuvo su centro neurálgico la guitarra, liderada por Melchor de Marchena, que tiene una placa en el rincón dedicado a su memoria, y por su hijo Enrique de Melchor. También destacó allí la figura de Pepe el de la Flamenca. Pero independientemente del gusto personal de cada cual, nadie puede poner en duda que la gran figura de la tierra es don José Tejada Martín, Pepe Marchena, un maestro y creador que encabezó la etapa de la "pera Flamenca realizando numerosas"tourné" por toda España. Creó la colombiana y le dio nuevo formato a los cantes de ida y vuelta. Grabó una antología con cientos de estilos para la casa Belter. Fundó una nueva estética en el vestir. Influyó claramente sobre artistas posteriores como Enrique Morente... Por todo ello, su pueblo le ha dedicado una estatua de bronce, está proyectando la creación de un Museo Monográfico del Flamenco y ha colocado una placa en la casa natal del artista, en la calle Arahal. Además, Marchena cuenta con con su tradicional Festival de la Guitarra, que se celebra en el Palacio Ducal cada mes de julio. Son asimismo importantes el Concurso Nacional de colombianas y Otros Cantes y el Certamen de Saetas, pero eso no puede dejar en el olvido a la Asociación Cultural Flamenca Arte y Compás y a la peña, repletas todo el año de actividades y de gente dispuesta a dar una explicación certera de la idiosincrasia del cante de Pepe Marchena, un genio indiscutible de la historia cabal. Es curioso: Marchena y Mairena se distancian sólo en cuarenta kilómetros y un par de letras. ¿Por qué sus figuras flamencas son tan contrapuestas? No hay respuesta, pero está claro que esta ruta desata un torbellino de pasiones. Avancemos, avancemos.

Osuna: Flamenco de Colegiata

Mucho antes de que naciera el flamenco como arte consolidado, ya tenía Osuna una Universidad. Por eso allí se conoce el arte cabal con una profundidad unisitada, algo que, sin más justificación, obliga a hacer una parada enriquecedora. La vieja tradición jonda del lugar se personificó en los albores del siglo XX en las figuras del Chato de Osuna, cantaor habitual de Carmen Amaya, de Juanito de Osuna, de Antonio el Bailaor o del guitarrista El Lele. Pero la artista más venerada en esta bellísima localidad sevillana es, sin duda, Carmen Torres, una cantaora emparentada con el mismísimo Joselero de Morón que hizo de la saeta una pieza celestial. Un azulejo situado en la subida a la Colegiata lo demuestra. Allí se narra el delirio que la Torres provocaba entre los cofrades cuando las mañanas del Viernes Santo Jesús Nazareno y la Señora de los Dolores bajaba por aquellas cuestas y la mujer alzaba la voz sin compasión. Nadie en Osuna lo olvida. Como tampoco se deseña allí la grandeza del paraninfo de la Universidad, lugar elegido para celebrar cada mes de noviembre el Ciclo Flamenco, en el que se programan conferencias y recitales. También llaman la atención los escenarios que acogen al concurso de saetas Carmen Torres: la Casa de la Cultura y, cómo no, la Colegiata. Cantar junto a tanta obra de arte es engrandecer el cante. Así al menos se expresó el propio Fosforito cuando fue homenajeado por los ursaonenses, que el resto del año satisfacen su devoción al flamenco acudiendo a su maravillosa peña"La seguiriy", situada en los altos del mercado. Fotografías de todas las figuras del arte jondo ilustran las paredes del local, que siempre da cobijo a una guitarra construida por el Lele para ser asida por quien la solicite y a un cantaor del lugar, Manuel Cuevas, que crece a paso de rey después de haber ganado en 2002 la Lámpara Minera de La Unión. ¿Más cianuro? Cambiemos de provincia.

Antequera, la Niña Malagueña

Es posible que al oír la palabra Antequera cualquier amante del saber piense directamente en su conjunto dolménico, sus iglesias y conventos, sus casas solariegas, su Torcal, su Museo Municipal en el Palacio de Nájera... Pero la ciudad del amanecer histórico de Andalucía esconde otros muchos atractivos imposibles de percibir a simple vista. Y uno de ellos, por supuesto, es el flamenco, faceta en la que hay que poner de relieve los nombre de Juan Casillas y la Niña de Antequera, sus dos máximas figuras. Precisamente el primero de ellos le da nombre al concurso que se celebra cada año durante los sábados que van de marzo a junio. Luego, en agosto, la Noche Flamenca de Santa María ofrece otra cita singular con el arte andaluz. Porque en Antequera la afición es desmedida, tanto que por allí pasaron en su época todos los grandes artistas de la historia, como Chacón, Pastora Pavón, Manuel Torre, Vallejo, Pepe Marchena... Todo esto se intenta mantener vivo en la peña dedicada al guitarrista local Paco de Antequera, situada en Cartaojal. Mas si hay un acontecimiento singular en esta ciudad milenaria relacionado con el flamenco es la celebración de la Navidad. Cada 20 de diciembre, por la noche, la Colegiata de Santa María la Mayor escucha decenas de villancicos jondos, algo que pone en evidencia la procedencia folclórica del género. Todo el mundo canta porque el pueblo es quien manda, si bien destacan las voces profesionales de Chamizo de Antequera, Gitanillo de Antequera y Salud Amaya, que recuerdan con nostalgia las viejas serranas de la Niña, tan antequeranas como los alfajores conventuales, como la calle dedicada a su memoria en la Villa Baja, donde existe aún una torre en la que los viejos del lugar dicen que vivió la artista durante muchos años. Pero no desistamos. Aún queda mucho camino por andar. Málaga no acaba más que de comenzar. Y seguimos envenenados.

Casabermeja, un festival de emociones

En medio de los Montes de Málaga, al Sur de las sierras del Torcal y de las Cabras, justo donde el cante se abandola, nace Casabermeja, un pueblo antiquísimo refundado por los Reyes Católicos. En un paseo por su casco viejo surge rápidamente la eterna duda del flamenco: ¿de dónde procede? Porque allí parece que se puedan respirar las verdiales a cada paso que se da. Y entonces el visitante cree que el arte jondo viene del pueblo, de sus eternas melodías bailables. Y todo se corrobora presenciando la panda local, que engrandece los fandanguillos de los montes y saca del cofre del olvido bailes como el de la Churripampa, el de la Rueda o el de la Maragata mientras avanza por la calle Real. Pero la gran cita de Casabermeja con el flamenco de hoy se produce durante su Festival de Cante Grande en el Polideportivo Municipal el penúltimo sábado de cada mes de julio. Vayan y nunca más dejarán de volver. Porque el público se dispone como si estuviera en un gran café cantante, sentado en mesas de madera, y presencia un espectáculo magníficamente planteado, dividido en dos partes y centrado en un solo tema cada edición: la mujer en el cante, la guitarra, el baile, los jóvenes valores... Más de 30 años tiene ya esta propuesta singular que no se asemeja a ninguna otra del panorama flamenco, pues, además, las calles se perfuman de yerbabuena y maltranto durante la celebración de la jondura. Y si no es suficiente con esto, siempre queda la posibilidad de disfrutar en la peña flamenca Torre Zambra, cuya sede fue antes casa del pueblo y luego cine, mientras se degusta un conejo al ajillo contemplando las fotos de Chocolate, Terremoto, José Mercé o Chano Lobato realizadas por el artista local Juan Nebro. Por último, es de obligatorio paso también la tradicional Olla Flamenca, que se celebra en septiembre. Y cuando ya esté el citado conejillo digerido, a seguir, que esto no se acaba hasta que no cante El Canario.

Álora la de Molofino

Cuando el pájaro trina, todos callan. Y en Álora trinó un Canario de leyenda al que todos llamaban Molofino. Con él nació la devoción del pueblo por el cante. De él brotó la implicación de Álora con la malagueña. Juan Reyes Osuna nació en esta localidad en 1855 y murió antes de poder ver la luz del siglo XX. Tenía 30 años. La noche del 12 de Agosto de 1885, El Canario y La Rubia de Málaga, con quien se dice que tenía un romance imposible, actuaron en el Café del Burrero, en los bajos del Puente de Triana de Sevilla. Al acabar el cante, el padre de ella lo citó en la calle para pedirle explicaciones al artista sobre la relación con su hija. Todo acabó mal. Una faca de suegro rebelado le partió el corazón en dos. Se desató la leyenda. Y Álora la vivió como suya haciendo enorme su entrega por el flamenco para defenderse de quienes decían que éste era un arte para marginados. A la sombra de Molofino crecieron Diego Beigveder Morilla, el Perote -malagueñero y trillero cuya casa natal puede visitarse en la calle Erillas-; Ángel de Luiggi Miranda, Ángel de Álora; y José González Vergara, El Mijita, también conocido como Niño de Álora. Toda su escuela puede contemplarse hoy día en el pueblo del Valle del Guadalhorce, donde los fandangos del lugar, los cantes de trilla y siega, los del columpio y la malagueña siguen siendo interpretados por los aficionados de la peña local. Y toda esta historia singular se concentra en un evento mágico, el festival del mes de julio, que se celebra en la Piscina Municipal, donde lejos de vivir romances imposibles, los habitantes del pueblo aman al flamenco tanto que estarían dispuestos a caer de bruces en el Puente de Triana y unirse para siempre con El Canario. Más veneno. Cada vez ingerimos más veneno. Ya no hay quien nos cure. Fenezcamos del todo. Pasemos por Archidona y su peña, por Riogordo y Colmenar. Detengámonos en Málaga. Allí comienza la ruta que sigue las huellas de don Antonio Chacón para terminar en Granada. Sigamos, sigamos, que de algo hay que morir.

Esta ruta se incluye en la Guía Telemática del Flamenco y se ofrece a operadores turísticos y a clientes que deseen conocer Al-Andalus desde el prisma del flamenco con todas las posibilidades de disfrute y consumo de este arte.

Toda la información relativa a la ruta se puede encontrar en www.andaluciaflamenco.org , mientras que para confirmar la asistencia a las actividades, el interesado lo puede hacer a través del e-mail flamenco@andalucia.org o por teléfono 901 20 00 20. La asistencia es gratuita, previa reserva, hasta agotar el aforo de cada uno de los lugares en los que se celebren los actos.

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La Feria de abril en Mairena

La Feria de Abril de Mairena del Alcor tiene origen en el medievo, es la primera y más antigua de las ferias de Andalucía. Una fiesta de Interés Turístico Nacional que nace en 1441 como feria de ganado por concesión real de Juan II a Pedro Ponce de León, señor de Mairena.

a la feria, acudían miles de cabeza de ganado de todas clase y de todas las partes de España, así como gran cantidad de gente. Acudían artesanos con sus aperos de labranza, grupos de mercantes y charlatanes, así como la buscona, la garduña, el tahúr, el truhán, etc, al son de la mucha plata que corría. La feria aparece en boca de escritores tales como Washington Irving, Serafín Estabanez Calderón, José María, Caballero Bonald...

Por la mañana era cuando se hacían los tratos de ganado con el mediodía por el calor sofocante, los tratos se suspendían, y buena parte del público se refugiaba en las tabernas, figones, posadas y otros establecimientos para comer y descansar. Ya por la tarde el real vuelve a animarse, pero solo queda para el paseo a caballo y en coche, las tabernas se llenan y la fiesta se adueña del real. Como el toque de queda o retirada a media noche se mantiene durante la feria, las fiestas continuaban en el interior de los mesones, tabernas y posadas.

La feria era mercado, con elementos de fiesta por la mañana y fiesta con puestos de mercados por la tarde, para ser pura fiesta por la noche. En Mairena debieron existir personas sensibilizadas con el cante, y que debido a la posibilidad que la feria le daba, aprendían y guardaban esos cantes escuchados en la misma para cantarlos luego ellos. La afición y conocimiento del flamenco en Mairena del Alcor no es una casualidad, esta hondamente enlazada con su feria. Un evento donde antes de inventarse la radio ya se podían oír lo grandes éxitos musicales del momento.

La más antigua de las fiestas de primavera de la provincia de Sevilla y la primera de todas ellas en cuanto a su celebración. En la actualidad Mairena cuenta con un recinto ferial de 45.000 metros cuadrados, que acoge a un total de 47 casetas y 27 atracciones. Más de 14.000 farolillos y de 60.000 bombillas dan color a una feria que se celebra la semana anterior a la feria de Sevilla, inaugurando la temporada de ferias de la Baja Andalucía

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